Sábado, 11 de julio de 2009:


La cuenta atrás llega a su fin. Mañana es el día. Comenzarán mis vacaciones y van a durar tres semanas nada menos. En realidad esta misma tarde, a las siete, cando salga de trabajar, las vacaciones ya habrán comenzado.
No es que no quiera trabajar. Yo en el trabajo estoy muy a gusto, pero todo el mundo necesita un descanso, y me ha tocado el turno.
Voy a aprovechar para descansar (sobre todo dormir), escribir mucho (debería entregar la novela de vampiros este mismo verano), leer, pensar, relajarme… Espero que esta vez no haga como siempre y vuelva más cansado al trabajo de lo que me fui.
Lo dicho, un día y bajando. Ya no queda nada.

Viernes, 10 de julio de 2009:

Parece mentira, pero el momento está llegando. Dos días y bajando.



Jueves, 9 de julio de 2009:

Día libre. Preparándolo todo. Tres días y bajando.

Miércoles, 8 de julio de 2009:

Cuatro días y bajando…

Martes, 7 de julio de 2009:

Yo creo que ya iba siendo hora. Cuando me vine a vivir a Madrid, como vendí mi coche, no me preocupé de renovarme el carnet de conducir al caducarme ya viviendo aquí. Sin darme cuenta había pasado casi año y medio con el carnet caducado. Siempre decía que tenía que ir a renovarlo, pero nunca lo hacía. Más que nada por cambiar la foto en la que salgo con pelo y la típica greña por los hombros, sin contar la cantidad de kilos de más. Fue otra época.
Ya lo tengo renovado. El jueves pasado me hice el psicotécnico y ayer eché los papeles en correos. Hasta que me llegue el carnet tengo un papel con el que ya puedo conducir. Ahora que ya hay coche en casa me va a hacer falta, sobre todo para las vacaciones que empiezan este domingo.
Cinco días y bajando.

Lunes, 6 de julio de 2009:

6 días y bajando…

Domingo, 5 de julio de 2009:

Cada vez odio más trabajar domingos o días festivos. Vale que es verdad que sólo trabajo normalmente el primer domingo de mes, pero aún así cada vez es peor, porque cada vez valoro más ese día libre y menos ese dinero extra que te dan por trabajarlo. Intento tomármelo con humor y, una vez que estoy allí, pensar que es un día normal entre semana, pero por dentro algo siempre me recuerda. “Hoy es domingo, deberías estar en casa, descansando, escribiendo o haciendo el vago, porque hoy es fiesta”.
Menos mal que hoy ha empezado la cuenta atrás. El próximo domingo estaré oficialmente de vacaciones, así que voy a trabajar contento.
Sólo quedan siete días.

Sábado, 4 de julio de 2009:


No pienses que me olvido de ti. También me gustaría decirte tantas, tantísimas cosas… Sabes que por mucha labia que tenga, me cuesta hablar de las cosas que llevo dentro, pero tú me conoces muy bien y siempre sabes cómo me siento.
En estos días de tanto cansancio físico por el trabajo, muchas horas, poco tiempo libre, también te tengo en mente a cada momento. A ti es de quien más he sentido alejarme. Siempre hemos estado muy unidos, y lo seguimos estando. El teléfono es testigo de ello, aunque no tenga demasiado tiempo para hablar, aunque a veces parezca que no tengo nada que decir, o no quiera contarte nada.
Esa habitación que dejé vacía al marcharme sigue esperando a que vaya cuando pueda y todo vuelva a ser como antes, te metas a hablar conmigo, sentada en el suelo, o sin decir nada, sólo estar juntos.
Tú tampoco lo estás pasando bien. Me marché en el peor momento para ti y también me culpo por ello. Te sientes sola, pero sabes que no lo estás, porque yo siempre estoy contigo, a todas horas pienso en ti, en qué estarás haciendo, en si has encontrado el camino que te llevará por fin a ser feliz, en que no te hagan daño, en que sonrías, en que pienses en mí.
Ojalá tuviera la clave para que dejaras de llorar, ojalá supiera qué hacer para hacerte feliz, ojalá estuvieras aquí. Ya queda poco para volvernos a ver, como la última vez que fui sin avisarte para darte una sorpresa y se te saltaron las lágrimas mientras gritabas: “¡Mi hijo, mi hijo!”. Así es como quiero que llores siempre, de felicidad, que te emociones conmigo. Tú también me tienes que ver triunfar. Eres la persona que más orgullosa se siente de mí del mundo, la que me apoyó desde el principio, cuando para otros que yo escribiera era más motivo de risa que otra cosa. Desde entonces tú me apoyaste. Me dabas dinero para que pudiera imprimir manuscritos y enviarlos a las editoriales. Cuando era rechazado no te importaba y me pedías que escribiera más. Nunca nadie ha creído tanto en mí. Mira hasta dónde he llegado. Me presentas como tu hijo, el escritor, y se te ve orgullosa de ello.
Sé que tu gran sueño es que escriba una obra de teatro en la que tú seas la protagonista. Puede que algún día eso ocurra, pero con lo desastre que eres para acordarte de los diálogos, iba a ser la comedia más loca de la historia.
Mientras eso ocurre, que sepas que sigo estando aquí, que sé que lo soy todo para ti, que algún día volveremos a estar juntos y, sobre todo, que estoy convencido de que encontrarás la felicidad, mamá, porque una persona como tú sólo merece ser feliz.
De tu hijo Javier.

Viernes, 3 de julio de 2009:


Puede que pienses que todo te sale siempre mal. Puede que creas que de verdad es así. Puede que lo veas todo negro y creas que nunca será de otra manera. Puede que no puedas esperar a que todo cambie. Bueno, yo te digo que te levantes y mires al cielo. Allí verás todo lo que aún te queda por hacer. Todo lo que te puede hacer sonreír. Verás que no hay motivo para llorar. Así no llorarás nunca más. Nunca más.
Sal a la calle, respira el aire, enfádate por el coche que se salta el semáforo y casi te atropella. Abre tu mente y disfruta de la libertad que te da poder sonreír por todo lo que aún te queda por hacer. Tienes que ver a tu hermano triunfar, a tu madre ser feliz. Tienes que triunfar y ser feliz.
Si quieres te lo susurro al oído, pero sabes que no hace falta. Tenemos la suerte de no tenernos que decir las cosas. Todo lo sabemos. Somos afortunados. Nos une algo que a los demás no les une. Qué suerte tuvimos de formarnos juntos, de empezar a vivir juntos. Qué suerte tuvimos de compartir vientre.
Ahora la distancia nos separa. Nunca había sido así, pero las cosas a veces ocurren de forma inesperada. No siempre lo podemos controlar todo, pero sabemos que estamos ahí. No hace falta hablar. Nunca hizo falta.
A veces me siento culpable por creer que la felicidad me abre sus puertas, porque me acuerdo de ti y las lágrimas me vienen a visitar otra vez. Cuando lo pasas mal hay algo dentro de mí que no funciona. Me vuelvo melancólico, me invade la tristeza. Será ese vínculo que dicen que unen a los gemelos. Será eso, porque siempre ha estado ahí.
Sólo quiero que sepas que ha llegado el momento de levantarse, de sentirse vivo, de ilusionarse por todo lo que hay ahí fuera, todo lo que hay que descubrir. Siéntete afortunado, porque te queda toda una vida por vivir, porque sigo estando aquí, porque nunca me olvidaré de todo lo que juntos hemos compartido, porque siempre tengo la ilusión de que algún día volvamos a estar cerca, volvamos a ser una familia.
Sé que intentas aparentar que no te importa lo que te pasa, pero sé que estás triste, te han roto el corazón y, como tu hermano gemelo, yo también tengo algo roto dentro. En momentos como éstos siento haberme ido tan lejos y me siento culpable por no estar ahí.
Hay muchas cosas ahí afuera. Sal y descúbrelas. Sobe todo perdóname por estar tan lejos.
De tu hermano Javier.

Martes, 30 de junio de 2009:

Odio las rebajas. He dicho…